El pasado viernes 23 de Agosto, la banda platense Cruzando el Charco se presentó en Córdoba en el marco de la gira de su disco Lo que somos. El recital fue en el teatro bar El Vecindario y contó con la participación de Ardid como banda telonera.

Fotos: Lucas Matías
Crónica: Brenda N. Petrone Veliz

La penúltima semana del mes de Agosto fue muy movida. Entre una cosa y otra, se me pasó volando y ahora ya estoy arriba del colectivo yendo a Güemes, el lugar más lindo de toda la Capital cordobesa. Mientras reflexiono, repaso algunas de las palabras que Francisco Lagos me dijo durante la entrevista telefónica para Revista Broda que hicimos unos días antes del show de esta noche. Hoy voy a presenciar la esencia de Cruzando el Charco.

Llego muy temprano y eso me da una gran ventaja. A veces con el público desbordante y las pocas luces del lugar no puedo visualizar todos los detalles enriquecedores que el mundo del evento pasa por alto. Llegar antes, ubicarme en un espacio cómodo y acompañarlo con una bebida fresca para empezar a trabajar, es un lujo que me gusta darme.

Son las 20 horas y aquellas personas que compraron su entrada online comienzan a llegar al Vecindario (Marcelo T. de Alvear 835) para retirarla. De mientras, algunos músicos de la banda entran y salen del bar como si no fueran los homenajeados de esta noche. Esa acción me deslumbra porque se nota que disfrutan cada rasgo del encuentro y no se posicionan como «estrellas de rock» que piden más lujos de los que entregan. Los nueve músicos son simples, son los de siempre, son los míos, los tuyos y los nuestros. Son personas que vienen a divertirse y a regalarnos su arte, arte que al fin y al cabo termina siendo parte de todos.

En lo que va de la noche se suceden un par de acontecimientos más antes de la velada: un músico ajeno al staff se acerca a la ventana de ingreso para entregar su tarjeta de presentación y lograr que algún día lo contraten para tocar. Ya, el pequeño grupo de las 20 horas, es una larga cola de gente que espera entrar y colocarse lo más cerca del escenario que se pueda y así poder ver hasta la gota de transpiración más pequeña del rostro de los músicos. La organización de XL Abasto y la del bar teatro se organiza poco a poco para formar a la gente y lograr que todo salga bien. Por su parte, la banda telonera Ardid prueba sonido en el ala norte del lugar, ahí donde en minutos saldrán a tocar. Hace frío , pero no parece importarle a nadie ni en lo más mínimo.

Unos 10 minutos antes de las 21 horas, la audiencia hace su entrada. En su mayoría son jóvenes de entre 18 y 26 años que ingresan despacio, algunos para el escenario y otros para las mesas del bar. La noche nos invita un trago y unas pizzas antes de disfrutar de la buena música.

Ardid enciende conexiones

Cuando llega el fotógrafo de Broda, Lucas, nos ubicamos en el palco o primer piso y ocupamos una mesa para ver desde arriba toda la escena. Nos terminamos de acomodar y ya está Ardid arriba del escenario. Agustín Yanzon, Alvaro Ponce y Joaquin Alverani comienzan a calentar la noche con canciones de su último disco Conexiones, grabado en 440 Estudio en el año 2018.

«¡Buenas noches gente!» dice Yanzon, el cantante de la banda cordobesa. El escenario es de ellos y se mueven en él con total comodidad. El color amarillo reina entre sus atuendos y, viendo la tapa del disco, comprendo que el outfit está muy bien pensado.

De repente, los músicos invitan a la cantante Cami Márquez a subir al escenario para interpretar El Balcón y Después de esta noche. Ella rompe cadenas y canta desde el corazón con mucha felicidad. O al menos eso es lo que transmite y nos pone muy contentos.

Cami Marquz junto a Alvaro Ponce. Foto: Lucas Matías

El frío ya no existe porque Ardid hace subir el termómetro del Vecindario. A cada nota, el ritmo va creciendo de forma fenomenal. Algún pogo tímido se asoma desde las penumbras y esa es la energía que deja inconscientemente la banda al tocar su última canción. La gente también baila y el juego de luces nos introduce en un trance de explosión mental que nos deja muy manijas a la espera de Cruzando el Charco.

Agustín Yanzon, cantante de Ardid. Foto: Lucas Matías

Lo que somos y lo que despierta en vos

Después de haber calentado motores, Cruzando el Charco arranca con todas a las 22:17 horas. Desde el momento cero en que ponen un pié arriba del escenario empiezan a pedir el agite de la gente. Y claro, hay respuesta automática: gritos y aplausos de gran jolgorio.

El baterista, Matías Perroni, marca el tiempo con las baquetas y comienza a sonar Puede Ser, el primer tema de su nuevo álbum Lo que somos. Así, el resto de la banda – Francisco Lago, Juan Matias Menchón, Nahuel Piscitelli e Ignacio Marchesotti y los tres chicos de los vientos- comienza a desandar los temas del álbum junto a otros de sus trabajos anteriores. El Vecindario explota de gente. Está lleno y confirmo contundentemente el aviso de «entradas agotadas».

Cruzando el Charco, el Vecindario. Foto: Lucas Matías

Los jóvenes corean todos los estribillos. Ellos sí que estudiaron las letras, se las saben a todas. A los músicos se los ve entusiasmados, satisfechos y felices de lo que hacen arriba del escenario. En un momento miro a cada uno y analizo que algunos tienen ciertas particularidades interesantes. Por ejemplo, Lagos, cuando no tiene que cantar, coloca el micrófono detrás suyo y le da la espalda al público, pero no como una mala señal hacia la gente sino como un gesto de hermandad hacia el resto de la banda, girando hacia los músicos para percibir todo lo lindo que están viviendo.

Francisco Lagos, cantante de Cruzando el Charco. Foto: Lucas Matías.

El bajista Juan Matias Menchón  y el guitarrista Nahuel Piscitelli  tienen un pañuelo verde atado a sus respectivas muñecas como símbolo de apoyo a la despenalización del aborto. Por su parte, el percusionista Ignacio Marchesotti, tiene una remera blanca con la frase «En la noche», que me encantaría completar con «todo puede pasar».

Pasadas las 22:30 horas, es momento de la cumbia, una de las partes bailables del recital. De mientras, la banda que subió abrigada, ya está en mangas cortas por el calor emanado de la energía que nos traen tomada de la mano.

¡Muy buenas noches a todos, gracias por venir!

Francisco Lagos

En un punto de la noche, Cruzando el Charco decide hacer un experimento. Les piden a sus fans que prendan las linternas de sus celulares y la iluminación, tenue y de colores hasta el momento, se transforma en un gran faro apuntando hacia la banda. De fondo suena Cambiando de color, canción que forma parte del repertorio de su disco anterior A mil.

El experimento. Foto: Gentileza Cruzando el Charco – Fan Page Oficial

La hora del cierre está llegando pero nada va a impedir que el fin sea de… ¡cumbia y baile! Entre tema y tema, los músicos tocan un cover de Rodrigo, también canciones propias y hasta cambian de cantante. La locura que vivo desde arriba la consigue sostener el público, ávido de más y más música. Como broche de oro, Cruzando el Charco avienta el Vecindario por la ventana con Terminales. Ya está todo dado, hasta la próxima.

Para la banda es muy valioso que toda esa gente esté junto a ellos en esta y en las fechas anteriores, a pesar de la economía complicada que estamos transitando. Con esa y otras satisfacciones, los platenses se despiden saludando al público para dejar la noche y embarcarse en otros navíos que sólo un viernes a la medianoche nos puede esperar.

«Los tres vientos». Foto: Lucas Matías.

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