Fotos Abel González
Crónica Milagros Montero

La noche del sábado era perfecta para ir a escuchar a Dancing Mood. Ideal para arrancar con una birrita en el mitico kiosko frente a N8, ahí era la cita y que cita. Se presentaba en Mendoza una de las más grandes bandas de la Argentina y ahí estaba yo. Llegue temprano, pude darme el lujo de la birra, entrar y buscar un buen lugar.

La noche comenzó con el show de Hidalgo y sus Galácticos, encargados de romper el hielo. Les
sobro una canción para tener a todos bailando. Entre un par de vinos que rotaban en el escenario llegó la presentación de una nueva canción “Nos ponemos románticos y nos vamos para el Amazonas” fueron las palabras de Jonatan Torrecilla, cantante de la banda. Y tenía razón, el estribillo coreaba “Elsa que nunca me falte tu amor, yo te juro que te amo”, sobraba dulzura y calidez en esa canción.

Mientras los músicos se iban despidiendo la gente coreaba otra y así fue, bailamos una más y la banda se despidió para darle lugar después de un extenso y complejo acondicionamiento del escenario a la numerosa banda que iba a llegar.
Una musicalización perfecta hizo que la espera no se sintiera, desde Damas Gratis, Calle 13, Cumbia Colombiana. El cuerpo se nos movía solo a todos los presentes, ansiosos y deseosos de escuchar a Dancing Mood, la estrella de la noche.

Y llegó, con un pase perfecto del musicalizador, los 11 músicos se subieron al escenario. A pesar de ser un show puramente instrumental la gente no se privó de corear ninguna canción.
Una lista movida, que el público aprovecho para poguear, cantar, saltar y bailar. Desde arriba solo se veía disfrute (elegí ese lugar deliberadamente, era la primera vez que veía a la banda y no quería perderme ningún detalle) Sonaron clásicos y no tan clásicos, un show que nunca
bajo la energía de los espectadores. Y no, no tocaron Close To You, pero a ninguno nos importó.

Un sonido y una puesta excelente y acá viene una de mis partes favoritas, la visibilización de todo un equipo que hace posible que podamos ver un espectáculo tan prolijo, son los primeros que llegan y los últimos que se van, sonidistas, stages, iluminadores, productores y muchas personas más que sin ellos el show no podría comenzar. Pienso que debemos ser nosotros los hacedores culturales los que pongamos en valor estos trabajos que son parte siempre y obligatoriamente de todos los eventos a los que elegimos asistir.

Dancing Mood se fue, pero la fiesta siguió, siguió la cumbia, el baile y la alegría. Una noche excelente que confirmaba que la música nos hace felices, nos saca un rato de la realidad. Un amigo dice que nos hemos creado una realidad paralela con esto del arte y yo creo que tiene razón. Y sino me creen miren las fotos del Abel y deténganse en la cara de felicidad de todos
los que estábamos ahí.

 

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