Por Cielo Manzi
Fotos Pablo Martinez

La calle Gutenberg recibía a lo largo de la tarde a centenares de personas que se acercaban para precalentar ante un show que ansiaban hacía meses. El estadio descubierto del Malvinas Argentinas comenzaba a llenarse de a poco, con unas nubes que amenazaban pero no atacaban. Cuando el contador de personas (que se podía visualizar fácilmente) llegó a 10 mil las luces se apagaron. Eran las 21.36 y el show comenzaba a palpitarse, “Nike es la Cultura”, “Amnesia”, “El Charro Chino” fueron el pie para que los fanáticos empiecen a disfrutar de esta velada que duró un poco más de dos horas. 

La lista: incluyó canciones de los discos del momento solista de Solari como “Chau Mohicano”, “¿Por qué será que Dios no me quiere?” y “Había una vez..” entre otras. También incluyeron clásicos ricoteros: “Honolulu”, “Vencedores Vencidos”, “Salando las Heridas” y más. El único invitado de la noche fue Lucas Solari, sobrino nieto del emblemático Indio Solari, quien participó en “A la luz de la Luna”. 

Lluvia de banderas se podían percibir de lejos y de cerca, y una cantidad de público testigo de lo que acontecía. Como no podía ser de otra manera, la banda se adecuó al momento, siendo el domingo 8 el “Día Internacional de la Mujer”. Sbaraglia dijo: “no queremos dejar de felicitar a las mujeres en su día”, porque sí, la presencia femenina fue notoria. ¿Hace falta seguir aclarando cuánto rock tiene la sangre femenina?

Con la ausencia del vocalista, los músicos de Los Fundamentalistas fueron quienes se encargaron de entonar las letras de las 26 canciones. Salvo por, la esperada sorpresa (dado que el sábado también sucedió) del Indio Solari quien dijo presente en modo holograma para cantar “Pinturas en Guerra” y “La moda no es vanguardia”. Dos canciones del disco El Ruiseñor, el Amor y la Muerte (2018) que hasta el momento no habían sido escuchadas en vivo.  El cierre de la noche fue claramente con Jijiji, momento esperado por miles para el glorioso pogo más grande del mundo. 

Con más de 10.400 personas en el espacio descubierto que tiene el estadio, la velada del domingo fue un éxito. Aunque la realidad que atraviesa el Indio Solari frente al Parkinson que padece sea dura, un poco de su magia pudo ser transmitida en esas dos horas de recital que tanto se esperaba. Los shows siguen y próximamente llevarán este espectáculo a la Ciudad de Rosario. La magia sigue intacta. 

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