Massacre se presentó el pasado sábado 7 de marzo en Club Paraguay (Marcelo T. de Alvear 651) después de 2 años de ausencia en la capital cordobesa. Con la participación de Andy Vilanova, ex baterista de Carajo, la banda de skate punk argentina revoleó los parlantes por las ventanas y dio un show como sólo ella lo saben dar.

Crónica: Brenda Petrone Veliz
Fotos: Lucas Matías

Hoy es sábado de rock y fútbol. Dos combinaciones que alegran a hinchas y fans. River y Boca se disputan un título y Massacre vuelve a los escenarios cordobeses después de un largo tiempo. Como llego temprano al Club, me pongo a hacer fila mientras veo el arranque del partido en mi celular. Las puertas abren a las 21 horas pero la banda subirá a tocar recién a las 23 para dar tiempo al cierre de los respectivos encuentros futbolísticos. Mientras espero a Lucas, el fotógrafo de Revista Broda, hago un paneo de la gente que espera ansiosa su ingreso. Las clásicas remeras negras de rock, alguna que otra cerveza en lata y los comentarios sobre la gira de Massacre para este año, ambientan la espera y la hacen más amena.

Las horas pasan y la hora de ingreso se hace eterna. Cuando la espera ya no se aguanta más y los resultados de los partidos ya están casi dichos, entramos al recinto para acomodarnos y esperar a la banda. Decido subir al primer piso del lugar para tener una perspectiva diferente a la que tengo en la mayoría de los recitales. El calor de la noche está siendo un poco agobiante pero no hay nada que una buena birra fría no calme.

Mientras Lucas arma la cámara, veo cómo se llena el espacio poco a poco. De fondo, unas cortinas musicales ambientan al Club de la mano del reggae y el punk. Los clásicos muñecos descuartizados y armados a pedazos de la banda sobre el escenario miran a un público distinto en cada gira. Hoy verían a un público feliz por ver a su banda otra vez. Hoy verían a un público expectante que, a estas alturas, ya no sostiene un segundo más sin que Massacre salga a tocar.

Faltando diez minutos para las once de la noche, el manager de la banda sale tras bambalinas para agitar aún más a los asistentes. Como en coro, la gente grita y pide por Walas, el cantante de Massacre. El encargado arma un speech de presentación y menciona a quienes saldrían a escena como «aquellos que vinieron desde un exoplaneta», de otra galaxia, básicamente de otro universo. Cuando se resolvieron los últimos detalles en el escenario, los músicos pisaron el lugar y una gran ovación los envolvió en una energía tan eléctrica que hizo vibrar el suelo. Walas salió al último y la banda comenzó a tocar Te arrepiento, del disco de 1998 Aerial 13.

¡Massacre presente!

Walas – Massacre

El pogo se arma pequeño y tímido pero no por mucho tiempo. Las visuales del fondo cambian en cada tema y algunas son conocidas por formar parte del material audiovisual de la banda. Las pantallas de los celulares se mantienen casi apagadas, situación que llama poderosamente mi atención. La gente está disfrutando el show sin tener que grabarlo entero. Eso puede ser un logro para la banda o una conquista para la masa.

El cantante es quien se lleva todas las miradas. Con su vestimenta tan característica y su forma de moverse en el escenario te atrapa casi de forma hipnótica. Sin embargo, cada músico marca su lugar en el escenario, roban miradas ante un Anhelo de satisfacción. Todos hacen un trabajo en equipo que puede deslumbrarse y escucharse muy bien. Los muñecos mutan en la escena y el pogo también, en especial cuando suena Mi amiga soledad. A partir de allí, la fuerza del agite derrumbaría paredes en las tinieblas.

Massacre. Foto: Lucas Matías

El repertorio de canciones se sucede de forma contínua casi sin pausas. Cuando Massacre deja de tocar es sólo para agradecer a la gente o para escuchar algunas palabras del cantante. A Walas le encanta hablar e interactuar con el público. No deja ni por un segundo en preguntar cómo están y en hacer uno que otro chiste. La lista de canciones se sucede con Tengo captura, Sofía, la Súper Vedette, La octava maravilla, Niña dios, entre otras.

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Walas a los cordobeses – Massacre

La luna de la noche nos alumbra desde lo lejos y la terraza del Club es un espacio para admirarla mientras disfrutas el power de Massacre desde lejos. La gente alienta a Walas y él les responde, se ríen, juegan, saltan y cantan. Luego el cantante da consejos, habla de filosofía y otras ciencias extrañas. «Tratar de ser felices sin joder al otro», es una de las frases que me dejo anotada en el cuaderno para después escribir en la cobertura. Es como El Deseo, donde ningún invierno empieza hasta que no seas vos, quien de por apagado el sol

Andy Vilanova, ex baterista de Carajo. Foto: Lucas Matías

Durante el show, la banda nos regaló dos covers repartidos en la noche. Uno de ellos lo hizo Walas cuando cantó a capella una de las canciones más conocidas de la cantante Amy Winehouse, mientras la recordaba con mucho cariño, y el sotro fue un cover de Black Sabbath, canción con la que se despidieron hasta la cita que viene.

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