Fotos : Lucas Matias
Crónica: Brenda Petrone Veliz

La mítica banda de Quilmes se presentó en Krakovia el pasado sábado 18 de Mayo de 2019. Revista Broda asistió al evento y  en esta nota te trae todos los detalles de una noche a puro rocanroll.

El frío húmedo de la noche descendía sobre nosotros siendo las 22:25 horas. Para muchos, el clima era un punto sin envergadura dentro de una jornada que prometía alta dosis de rockanroll. Con Lucas, el fotógrafo de Revista Broda, buscamos nuestras acreditaciones mientras vivíamos la misa desde afuera, como quien escucha unas primeras voces congregadas en la penumbra.

Justo al frente de Krakovia (Bv. Las Heras 94) un grupo de fanáticos tenía puesto un parlante con La 25 sonando al palo mientras coreaban las letras emanadas por “Junior” Lescano, el cantante de la banda. A ellos los acompañaban dos vendedores de remeras puestas en la acera y algunos patovicas y policías que custodiaban la entrada.

Al ingresar se escucha un “chicos, con la entrada en la mano” seguido del cacheo esperado. Nada de sustancias, nada de fuego y nada de comida, por sólo decir algunas cosas obvias que, aún con el control, muchos se las ingenian para pasar y seguro las vemos rodar una vez dentro. Es en esos momentos cuando divisas las más inusuales técnicas serviciales a las necesidades de rockeros mundiales. Es así, somos argentinos.

Veinte minutos más tarde sube al escenario la banda Bastar2, la encargada de ir abriendo paso a La 25. Ocho músicos en escena dan todo su potencial para calentar la fría noche. A veces sucede que las personas ingresan más tarde y las bandas soporte no tienen un gran público, pero por suerte eso no sucedió con Bastar2, quien pudo tener un gran agite desde abajo del escenario. Se los percibía tan contentos que podías ver como su alma danzaba cada nota como si fuera la única.

Mientras estaba pensando en la crónica que luego iba a escribir, se me cruzaba una sola palabra en mente: agite. Esa es la definición de esta noche. Es eso que no para. Es como una gran lluvia torrencial que hace vibrar el suelo con cada gota que lo toca. Es impresionante la garra que tiene esta gente que sigue a los músicos a todas partes. Creo que hay fans que “bancan los trapos” desde los orígenes de la banda, allá por el año 96’ o desde que la misma sacó su primer disco La Veinticinco Rock and Roll en 2001.

Como a veces es de esperarse, el mar de remeras negras caracteriza la enorme estructura de Krakovia. Otro dato de color son las banderas colgadas en el primer piso del lugar. En ellas se pueden leer nombres como “Los pibes del Oeste”, frases como “Historias Reales, la banda de la ruta que viví” y lugares como “Ciudadela”, “Jujuy” y “Solano” (La bandera de mi barrio llevaré). Creo que bandas como La 25 y Los Gardelitos y en su momento, Viejas Locas y Callejeros, tienen detalles que solemos normalizar – como las banderas – en el sentido de que sabemos que van a estar porque siempre están y no nos preguntamos el verdadero por qué. Esos detalles tan comunes tienen un significado muy grande que se refleja en la felicidad de colgar cada trapo (o hasta hacerlo), en la pasión con la que los seguidores cantan las canciones y en el resplandor que producen al mirar al cielo mientras pronuncian las más emblemáticas frases con el corazón entre sus dedos. Te lo resumo a La 25: mi abuela, en chancletas lo baila hasta morir. Es una hermandad que despierta sensaciones que sólo pocos comprenden.

Bastar2 cierra el telón a las 23:20 horas aproximadamente con un saludo y un “gracias a la gente que vino a alentarnos”. Mientras dejan el escenario, la música de fondo trae varias bandas que mantienen con sus canciones la energía que Bastar2 creó. Así suenan una tras otra mientras los flamantes ingeniosos de la puerta consiguen fuego para sus cigarrillos y pagan en la barra cerveza, fernet o la clásica sangría a $200.

Vos te das cuenta que es pasión cuando ves entre la multitud dos jóvenes enyesados pero con un aguante espléndido. Hay edades para todos los gustos pero una misma corazonada que los une. Los cánticos de “escuchelo, escuchelo…” van enarbolando la jornada. Creo que hay energía para rato. La garganta furiosa prepara a las más manija de las cabezas.

En la dulce espera trato de no perderme nada. Entre la gente diviso arriba de un parlante un cuervo de yeso. “Pues claro”, me dije. La 25 trae su nuevo material abajo del brazo: Entre cuervos y chacales. El verlo solito ahí sin moverse, daba más manija para que el recital empiece.

En las redes sociales, la banda había anunciado que tocarían a las 00 horas pero su ingreso se atrasó. Cada segundo que pasaba agotaba un poco la paciencia y aumentaban la manija. La gente venía a reventar la noche y la tensión se empezó a generar. Krakovia estaba lleno. Una gran convocatoria se divisaba desde arriba en el primer piso. Todo adquiere una nueva perspectiva cuando cambias de rumbo para cronicar.

Faltando cinco minutos para la una de la mañana, las luces se apagaron y el sonido de una tormenta inundó los oídos de todos los presentes. Varios cuervos graznaban y parecía que los teníamos arriba de nuestros cráneos. La gente gritaba porque sabía que, en minutos, la banda saldría con todo. Una pantalla led y el juego de luces blancas detenía el tiempo para luego impulsarlo cual granada de rocanroll.

Heber Darío Vicente, en la batería, y Alejandro Chomicz, con el saxo, emitieron los primeros acordes y la gente estalló la granada en el piso. Realmente es una fiesta con cuatro banderas con palos agitando cerca del escenario y hasta globos de cumpleaños de color plateado con los números 2 y 5 que volaban entre el público o agitaban con él.

A medida pasaban los minutos, fueron sonando temas del nuevo disco como Música de rock and roll, De paso nomás, Marginados, Flores de mi barrio, entre otros. También se escuchaban clásicos como No pares y Mil canciones. En esta oportunidad noté muy pocos celulares grabando cuando últimamente es lo que más percibo en este tipo de eventos.

Los músicos se mueven con ímpetu arriba de la escena. Que sean muchos no impide que el baile cruce de los fans a la banda. Es una fiesta de rocanrol, no importa cuantas veces leas esto, es lo que es y hay que decirlo. La gente lo vive de mil maneras distintas y cada una de ellas se hace sentir. “Es el rock que nos transforma” dice el cantante; y la verdad es que no hay otra forma, porque es a través del rock que podemos hablar sin ser censurados. Es a través del baile que podemos liberarnos por un par de horas y sentirnos como un gran cuervo negro desplegando sus alas en pleno vuelo.

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