Fotos Sofi Pérez
Crónica María Cielo

Guillermo Beresñak hizo de Niceto una fiesta, entre cumbias del recuerdo y la entrada a La tremenda dimensión. Acompañado por músicos de alto calibre, brindó un espectáculo impecable que recorrió cada una de las canciones de su último trabajo discográfico y algún que otro clásico musical.

Beresñak propone con La tremenda dimensión (2018) un estilo multifacético que no responda a ningún género y se destine a quien desee introducirse en la música y en sus letras. Hay de todo. Podemos encontrarnos con un bolero para luego, salir a bailar una cumbia, y así fué.

La noche inició con Martin Oliver que continúa presentando su disco Psicosis radial (2018) producido por el mismísimo Beresñak. El proyecto solista contiene una versatilidad interesante y su último disco aún más. Brindó un show con mucho ritmo que fué acompañado por el público en todo momento.

Pasadas las 22 horas casi rasgando las 23, comienza a sonar en el recinto la reconocida intro de Opening Scroll que nos remite inevitablemente a un clásico: Rocky. Vestido de traje negro y con una bata a lo “boxeador”, el artista daba comienzo con Encontré una razón. La lista, completa y el show también.

Agradecido, Beresñak invitó para acompañarlo a un amigo que contó conoce hace 23 años, Lisandro Aguilar. Entre amistades, dieron inicio a Gotitas. Una canción dulce, “las horas no pasaban más/ tomé unas gotitas para la ansiedad/ perdí el amor y lo volví a encontrar”. No faltaron tampoco las guitarras rememorando melodías flamencas que dieron inicio a Si me das a elegir.

“No hay uno de mis sueños que no se haya cumplido” cantaba Beresñak, el turno de Como un avión había llegado y la mezcla pop/rock del tema que era acompañada a coro por el público. Como bien había prometido, Guillermo Beresñak logró introducirnos en La tremenda dimensión, un mundo musical, romántico pero no meloso, distinto. El público se dejó seducir por la diversidad y la propuesta del artista, celebrando junto a el los distintos matices que ofrece un show en vivo como tal.  

A veces pasa que categorizamos de más a la música y nos perdemos de un mundo de historias y melodías. Beresñak elige unir en su arte sus vivencias, estilos y aprendizajes para brindar una música sin prejuicios y “abierto a todas las personas, destruyendo la grieta para unirse musicalmente por las emociones” como dijo en su entrevista con Revista Broda hace unas semanas. Poniendo la energía en sí mismo y generando una propuesta diferente, logró de una noche de jueves común una fiesta en el clásico escenario porteño situado en Niceto Vega al 5500.  

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